El valor de un buen deportista

Qué aprendemos del deporte y de una buena alimentación.

Tener una práctica deportiva regular beneficiará a nuestros hijos en diversos aspectos y los hará crecer como adultos con una formación integral. Sin embargo, debemos tener muy presente que los valores que se pueden aprender de estas prácticas no se aprenden intrínsecamente por el simple hecho de realizar una actividad físico-deportiva. Es importante fortalecer un sistema que facilite el desarrollo y la promoción de los valores culturales. Para ello es fundamental que tanto los padres como el entrenador instauren como principio el juego limpio y ejercitarse por diversión, antes de primar la competencia y los resultados. Nuestros hijos son susceptibles a la percepción adulta del deporte, puesto que tienden a seguir las conductas de sus maestros; y en la mayoría de los casos esta visión conformada en la niñez será la pauta en la que regirá su aproximación a otras disciplinas en el futuro.

Según estudios de diversos deportólogos, los valores adquiridos de la práctica deportiva se pueden dividir en dos aspectos: sociales e individuales.

Lo educativo del deporte

Entonces, ya es un hecho que el deporte transmite una serie de valores de índole social e individual, pero se nos olvida considerar al deporte como un medio de educación para nuestros pequeños. El deporte es un modo lúdico para que los niños aprendan una serie de conceptos sociales y culturales, además de otras habilidades de carácter mental y físico. El deporte puede ser definido como un “ritual” cultural o un transmisor de cultura, ya que a través de las prácticas deportivas uno se puede empapar de una serie de valores coyunturales de la sociedad en la cual se está inmerso o de los antecesores de nuestra cultura. Un ejemplo de esto es el fútbol, por un lado es un reflejo de la cultura colombiana y hace parte de un orgullo nacional, y por el otro, es un reflejo de una serie de culturas ancestrales como los mayas.

Como dice el reconocido kinesiólogo Le Boulch, “Se trata no solo de una educación por conocimientos (técnica, fundamentos individuales, táctica,…) como tradicionalmente se había venido transmitiendo, sino, además y sobre todo, de una educación en aptitudes que configuren en el ámbito global de la personalidad del niño una serie de valores propios a la actividad que realizan (no coyunturales ni propios a su sociedad) y que le ayuden a formarse como persona, por encima de las creencias, ideas e ideologías en que, sin ningún género de dudas, se pueden ver inmersos. Se trata de coadyuvar a la formación y no únicamente a la información”.

Deberíamos adoptar como gran enseñanza que el deporte es un proceso educativo para los niños en la medida en que no solo les proporciona una serie de conocimientos sobre una práctica en específico y se le transmite un conocimiento técnico, sino que a su vez le ayuda al niño a que se configure como persona dentro de una sociedad determinada.

La familia: fundamental

La educación es el principio para la gran mayoría de las conductas del ser humano y los hábitos saludables también se aprenden. Poco a poco los padres se preocupan por inculcar dentro de sus núcleos familiares una buena alimentación, con la intención de que sus hijos aprendan a alimentarse adecuadamente desde pequeños y que gocen de un buen estilo de vida.

Es muy importante hacer hincapié en educar a los niños a comer bien, ya que la vida actual elimina con mayor frecuencia los espacios familiares y es difícil tener un control certero de cómo se alimentan nuestros hijos.

Si les enseñamos desde pequeños, ellos mismos cuidarán por su bienestar y tomarán mejores elecciones alimenticias. La población infantil con problemas de sobrepeso se ha triplicado en los últimos 15 años a causa de cambios nutricionales y del sedentarismo.

El principal valor de una alimentación balanceada en la infancia es proporcionarle a nuestro hijo los nutrientes y vitaminas necesarios para el desarrollo correcto de su cuerpo. También, se verá beneficiado en la medida en que tendrá un mejor rendimiento académico; el cerebro contará con mejores fuentes de minerales para los procesos de pensamiento y tendrá mejor rendimiento en la práctica de actividades físicas. Como puedes ver, una adecuada alimentación en la infancia es fundamental para un mayor potencial físico e intelectual.

Fuente: Casa Editorial EL TIEMPO